- Cariño, ¿Por qué no compramos un castillo para vivir como reyes?

+ No, mejor compramos un manicomio y follamos como locos.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Mi corazón rompió el silencio

Llevo meses dándole vueltas, en realidad más de un año. Desde el principio veía clara la solución, pero nunca fui capaz de llevarla a cabo. No me creía capaz de hacerle frente sin que me causara demasiado dolor, sin arrepentirme de tomar una decisión que quizá fuera errónea.

Mi concepto de la amistad no suele ser el más común. Para mí los amigos no existen, todo se resume a: familia, conocidos y desconocidos. La familia suele venir impuesta y aunque no guste, no es algo que se pueda cambiar como los cromos. Los conocidos se eligen, son personas que conoces un mínimo y forman una parte de tu vida. Aunque en verdad no llegan a pasar de ahí, de ser banales en tu día a día. También están los desconocidos, aquellos que no sabes quiénes son, de dónde vienen, a dónde van o qué mosca les ha picado. He de reconocer que estos últimos a menudo suelen pasar a la zona de conocidos, puesto que son parte de la rutina. Entonces, ¿Qué pasa con la amistad? ¿Existen los amigos?

Un amigo es quien estará siempre que esté en su mano, ya sean buenos o malos momentos. Preferiblemente en los malos, aunque no se descarta la idea de alegrarlos. Luchará por tu bienestar como si fuera el suyo propio. Será tu guía cuando estés ciego en medio de una inmensa oscuridad. Celebrará junto a ti tus triunfos. Velará tus sueños y hará que confíes en ti mismo como si él no lo hiciera, mas no temas, solo es una estratagema para que seas fuerte. Conocerá cada una de las lágrimas que derrames y todas las sonrisas que consiga robarte gracias a su terrible creatividad. Escuchará tu voz en todos sus formatos y sabrá tu estado de ánimo con tan solo una mirada.

Un amigo no es un amigo, sino un familiar. Cuando está tan integrado en tu vida. Cuando le quieres como un hermano. Cuando te demuestra su lealtad. Cuando un simple abrazo suyo calma todos tus sentimientos. Cuando pierdes la noción del tiempo y los minutos se convierten en años, y los años en siglos. Cuando todo esto y más sucede es cuando te das cuenta de que los amigos son parte de tu familia.

Después de muchas noches en vela, algún que otro café y hartarme a llorar he llegado a una conclusión: no te necesito en mi vida. Hace mucho tiempo que dejaste de cumplir los requisitos necesarios para ser mi amiga, para ser como de mi familia. Intento no guardarte rencor, quedarme con los buenos momentos, cuando de verdad sí estuviste ahí. Pero en la balanza de la coherencia la insolencia gana a la bondad. Todos los grandes desprecios que me has llegado a hacer. Todas las viles mentiras que han podido habitar durante tanto tiempo en tu cerebro para después salir en forma de misiles por tu boca. Todas las excusas estúpidas dadas, sin fundamento alguno. Todas esas palabras que se las llevó el viento para hacérselas llegar a mi corazón. Todos esos sentimientos aparentemente fingidos, que aún mi mente recuerda. Toda la soberbia que reina en el reino de tu ingratitud.

No sé si llegarás a leer mis palabras y si detrás de ellas sabrás ver mis sentimientos. No sé si te darás por aludida, aunque en verdad me da igual. No sé si me pedirás explicaciones o si pasarás olímpicamente, una vez más. No sé qué pensarás, ni siquiera qué sentirás. Lo único que sé es que necesitaba hacer esto, desahogarme. Necesitaba sacarte de mi vida, quitar un lastre que lleva atormentándome tanto tiempo. Necesitaba darme cuenta de que te hacías llamar amiga cuando en verdad eras una conocida. Necesitaba darme cuenta que no eres la mala del cuento, pero mucho menos la buena. Necesitaba liberarme. Necesitaba volver a ser yo, para darme cuenta de quiénes no fueron ellos. Necesitaba luchar por mis sueños, aquellos en los que tú ya no apareces.

No te deseo ningún mal, más bien lo contrario. Intento no guardarte ningún tipo de rencor, no dejar que los recuerdos negativos me dominen. Me quedaré con los buenos, aquellos que consiguieron hacerme feliz tantas veces. Te recordaré como la chica que conocí en aquel viaje que fue el inicio de una posible amistad. Aquella chica que ya no veo en ti, no consigo reconocerte. Mas, espero que algún día aquella chica regrese y sea capaz de pedir perdón.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Everytime

Siempre he querido tener a mi lado a una persona que me aportara todo aquello que pudiera faltarme. Que me quisiera como el primer amor sin tener claro que fuera a ser el último. Que confiara en mí, aunque yo no parase de cagarla una vez tras otra. Incluso, llegué a imaginarme a esa persona perfecta. Llegué a imaginarla muchas veces, tantas como las que llegué a enamorarme. Con cada amor una nueva ilusión y posteriormente una desilusión. No diré que en todas las ocasiones no pensé que sería él, porque sí lo hice. Pero después me he dado cuenta de que no. Cada persona te aporta una cosa distinta, no por ello menos importante. Cada una te enseña una lección nueva y te recuerda otra vieja. Te demuestra cuál es el significado de la palabra amor en todas sus posibilidades, más bien, lo hace a su manera. Te hace ser quién eres, gracias a que forma una pequeña gran parte de ti. Te devuelve la ilusión perdida en una de esas tantas batallas en las que fuiste vencido. Te da una de cal y otra de arena. Incluso habrá momentos en los que creas que le das igual, que tu existencia es mísera para su vida. Pero estarás equivocado, es solo una simple fachada, pues llegaría a dar por ti todo lo que estuviera en sus manos con tal de verte sonreír una vez más. Y en los momentos malos, cuando lo bueno se acabe, estará a tu lado. 


Un dicho muy conocido dice: ‘No se sabe lo que se tiene hasta que se pierde’. Siempre he creído que tenía razón, aunque muchas veces me he dado cuenta de lo que tenía mucho antes de perderlo. Cuando lo pierdes es cuando el miedo te consigue paralizar, pero no está todo decidido. Aun se puede dar el máximo para conseguir un mínimo, una muestra de resquicio de lo que hubo en su día.




lunes, 12 de noviembre de 2012

I was here

- ¿Y si todo lo que has vivido hasta ahora fuera mentira?

- ¿Qué quieres decir?

- Me refiero a que tal vez la vida no es como tú la ves. Quizá todo se resume a ser producto de tu poderosa imaginación. Puede ser que no observes la realidad, sino que te la inventes según te convenga. Omites partes que son necesarias para llegar a crecer mucho más como persona, para superarte una vez más. Sin embargo, otras las publicas hasta en el más recóndito lugar existente. ¿Qué sentido tiene?

- ¿Tratas de persuadirme en mi propósito de marcharme y dejarlo todo atrás?

- No, pequeña. Trato de que te des cuenta de lo que realmente es la esencia de la vida.

- ¿Y qué es?

- Estamos aquí por una razón desconocida. El recibimiento no es el mejor del mundo, venimos despojados de cualquier tipo de protección. Estamos solos, al igual que cuando nos vayamos. Somos resultado de un ser superior, dicen. Realmente creados debido a una magnífica danza sexual llamada amor, dicen de nuevo. Crecemos y con ello nos volvemos estúpidos. Sí, rematadamente estúpidos. Algunos consiguen destacar mostrando su parte más oculta, aquella que solo unos privilegiados tienen. Somos versátiles, tan pronto buenos como malos, pero siempre humanos. Seguimos distintos trazos del camino para llegar a un destino final. Muchos creen que es la muerte, esa tan irremediable, mas yo creo que el destino final es haber vivido. Sí, oyes bien, haber vivido. Poder decir: ‘Yo estuve ahí, yo viví, yo amé’. No ser necesario contar las vivencias para apreciar quién tiene más o quién tiene menos, sino intentar recordarlas una a una reviviendo cada mísero sentimiento, por muy banal que sea. Dejarse llevar, no perder la libertad del alma. Vivir con un joven siendo viejo y, en ocasiones, pensar como un viejo aun estando en la flor de la vida, pues en la experiencia reside la sabiduría. Rozar con la yema de los dedos las pasiones, no frenar a los impulsos y alcanzar el éxtasis sintiéndose vivo, jodidamente vivo. Pensar que no queda mañana para vivir el hoy. Compartir la vida, tu vida, con las personas que hacen cada capítulo de ella. Y por último, pero no menos importante, no arrepintiéndose de los errores cometidos, no serviría de nada. Somos débiles y frágiles, por mucha fuerza que demostremos en el día a día. Somos humanos, carecemos de elementos sobrenaturales que nos faciliten nuestro camino. Arrepentirse de lo hecho no hace menos evidente el fallo cometido, ni calma nuestra conciencia. Ser consciente del error y repararlo es lo que realmente nos hace crecer y madurar. Que una batalla perdida no suponga el fin, sino una bonita lección.

jueves, 4 de octubre de 2012

Pensando en pensarte

Y después de tanto tiempo vuelve a entrar en tu vida esa persona que un día formó gran parte de ella. Está arrepentida, sabe que ha hecho mal y lo asume, mas tal vez sea demasiado tarde para poder perdonar. En un instante la razón tiene un duelo a muerte con el corazón. ¿Quién vencerá? ¿Será necesario coger la balanza de la coherencia para equilibrar los malos momentos con los buenos? 

La vida es una dura prueba en la que nos embarcamos sin saber las razones. Venimos solos y nos vamos igual que vinimos. No nos dan ningún manual de instrucciones, ni siquiera nos dejan una vida de prueba como en los videojuegos. Algunos no logran ir superando los niveles, son más fuertes que ellos mismos. Otros dan tumbos de un lado para otro sin un rumbo fijo en toda su existencia. Y por último están los valientes, esos que saben que es una camino de rosas con las espinas muy afiladas pero que no se achantan. Luchan disfrutando de cada día como su fuera el último.

Yo no sé de qué tipo de personas soy, la verdad. Aunque si sigo aquí significará algo, querrá decir que aún no me he rendido. Seguramente será por mi gran cabezonería, no me sorprendería. Sólo hay una cosa que sí tengo clara: prefiero pedir mil veces perdón que pedir una sola permiso.

Los humanos tenemos la constante manía de cagarla una vez tras otra. Tropezar con la misma piedra más de una vez, incluso más de tres. Nos equivocamos sin darnos cuenta o siendo totalmente conscientes, pero lo hacemos. Siempre me han dicho que las segundas partes nunca fueron buenas, pero cuando quieres a una persona que te hizo tantísimo daño... ¿Será aconsejable darle una segunda oportunidad? Tal vez haya cambiado, quién sabe. Lo que no se puede hacer es juzgar sin conocer. El dolor, al igual que el miedo, paraliza. Si esa persona en su día te dio una infinita cantidad de buenos momentos que aún se conservan en la caja de los recuerdos, ¿Por qué no intentarlo de nuevo? Será duro, sí. Mejor dicho, será jodidamente duro, pero es lo único que tienes. Podrías echarla de tu vida, castigarla por la eternidad por su 'horrible crimen', mas lo que nunca podrás hacer es sentirte mejor por no saber perdonar y mucho menos olvidar. 

He cometido muchos errores a lo largo de mi corta vida, muchísimos. He sido estúpida, he jugado con los sentimientos de los demás y he hecho como si todo a mi alrededor me diera igual. He juzgado de antemano sin conocer a la persona. He tratado mal a otros que tal vez me han tratado con sumo cariño. He hecho daño a aquellos que me quieren, también les he hecho llorar. He actuado como una niña pequeña que sólo es capaz de luchar por su propia felicidad. He sido egoísta  incluso maleducada. He sido muchas cosas que pueden rondar tu mente, incluso otras que jamás se te pasarían por la cabeza. No podría decir que he sido una persona modélica, que he sido más buena que el pan, porque entonces estaría siendo hipócrita. Lo que sí podría decir es que todo lo que he hecho mal me ha servido para aprender y madurar. Un mal acto equivale a una buena lección si se sabe ver el fallo. No diré que siempre fui capaz de pedir perdón, he de reconocer que en ocasiones mi orgullo me domina.

En ocasiones no fui capaz de dar una segunda oportunidad a aquellos que me la pidieron, no me vi preparada. Ahora en algunos casos me arrepiento de no haberlo hecho, pero todo tiene una razón. Nada de lo que pasa es por casualidad. Todo lo que ocurrió en mi pasado sucedió porque tenía que ser la persona que ahora mismo soy. No estoy orgullosa de muchas cosas que hice, pero tampoco me avergüenzo. Son una parte más de mí, esa que ahora es sólo un viejo recuerdo que me sirve para no volver a tropezar.

Cuando te pidan una segunda oportunidad valora los buenos momentos junto con los malos. Valora cuánto mal te hizo esa persona y si en verdad te merece la pena. Piensa que si decides perdonarla deberás dejar todo atrás. No tendrás que echarle en cara todo lo que hizo o lo que dejó de hacer, sino apoyarla. El hecho de discutir con ella no te hará ser mejor persona, ni tampoco calmará tu dolor. Y por último, trata de ponerte en su lugar. En su día tú también te equivocaste y seguro que deseaste que te dejaran demostrar que cambiaste. Trata a los demás como quieras que te traten a ti.

sábado, 28 de julio de 2012

Good feeling


- ¿Qué pasa si una carga negativa se junta con una positiva?
- Que deberían de atraerse, ¿No?
- Correcto, eso me pasa a mí contigo.
- Pero... Tú y yo no somos opuestos. Es más, al revés, somos muy parecidos. No entiendo qué quieres decirme.
- Pequeña, ¿Tú eres totalmente igual en ambas mitades del cuerpo? ¿Tus dos ojos son idénticos?

- No, supongo que no. Siempre hay una pequeña diferencia, aunque en mi caso están equilibradas ambas mitades.
- Ahí quería llegar... Nosotros no somos iguales, sino parecidos. Hay cosas que nos diferencian, que nos hacen ser únicos. Sin embargo, nos compenetramos bien.
- ¿Y también tenemos "feeling"?

- Claro, cómo no. Aunque hay algo que el resto de hombres no tienen y yo sí.
- ¿Y qué tienes?
- A ti.